CIUDADANOS LIBRES Y LA DESINTERMEDIACIÓN.
La regeneración democrática entendida como la recuperación
de la confianza de la ciudadanía en su clase política, requiere no solamente el
control de la actividad política y la fiscalización de las cuentas públicas,
sino también y al unísono, la activación de la participación política de la
sociedad civil. La mutación del votante en ciudadano, de un sujeto político
pasivo, - que solo hace votar, si es que vota- y su transformación en un sujeto
político activo es lo que nos permitirá desembarcar en la democracia plena y real;
ya que solo tomando al hombre como eje central de la Política y no a sus
circunstancias, llámese territorio u otra bandería es lo que nos permitirá alcanzar la
democracia participativa.
Una sociedad no es
libre, sino prisionera cuando no tiene instrumentos para averiguar los engaños
que contiene y así nos parece, que podemos
escoger entre diversas opciones u alternativas en el sistema electoral,
de manera que cuando el ciudadano-votante vota, lo que hace es validar, es
legitimar la prostitución o putrefacción del sistema político (neocaciquismo),
en cuanto que el voto esta ya predeterminado y así fenómeno como el de la
sondeocracia moviliza clases de voto hacia una orientación u otra, o sea una
marca política u otra, que ocupan y colonizan espacios ideológicos que terminan
por adulterarse para ganar los comicios.
Generar la participación de los ciudadanos conlleva hacer
Política por parte de los partidos políticos de un modo diferente a como se viene
haciendo; esto implica que los programas electorales dejen de ser un medio para
alcanzar el poder, por él solo hecho del poder como un fin en si mismo,
mediante todo un conjunto de mentiras, omisiones y medias verdades para
engatusar al ciudadano-votante y así obtener su voto, que es su único fin y
transformar, los programas electorales en un vehículo para transformar la
sociedad en la dirección convenida y determinada por el propio contenido del
programa electoral, que pasa a ser vinculante y sancionable su incumplimiento,
no solo a nivel político, sino también jurídico al ser un contrato social entre
la fuerza política que lo emite y propugna y el electorado que lo vota o
participa en la elección.
La actividad política requiere de “ciudadanos libres”. Por
un lado, como he dicho anteriormente, sujetos políticos activos con conciencia
crítica y constructiva que lo hacen “ciudadanos” y por otra “libres” en el
sentido de estar liberados de tareas laborales que le absorban todo su tiempo y
por tanto puedan comprar su tiempo para dedicarlo a los demás y asimismo o sea
a la política. Condiciones que son necesarias y suficientes cuando confluyen.
La corrupción se elimina con más democracia; solo en
estructuras opacas y cerradas florecen
trepas y arribistas, puesto que en estructuras abiertas y transparentes
donde las ideas y las palabras no pueden esconder los hechos, no pueden
proliferar. Necesitamos más democracia, puesto que está será, la que impida
estructuralmente la corrupción. Y más democracia es democracia participativa o
sea ciudadanos y no votantes, que participan en el día a día y no solo, en
período electoral, pues de lo contrario,
asistimos al secuestro de la democracia por la partidocracia, que con sus
palabras y sus banderas esconde sus carteras y las de sus patrocinadores.
Por otra la corrupción política establece un modelo de éxito
en los negocios, que frena el desarrollo económico al promover, como clave del
éxito: la regulación. La regulación permite obtener ventajas comparativas para
los patrocinadores de los lobbies o grupos de presión y que en último término
frenan el desarrollo económico, al no permitir que la innovación sea la clave
del éxito empresarial. La demanda del producto o/y servicio viene motivada y
generada por la Ley ,
por la Administración
Pública , que obliga al consumo o/y uso al demandante y no a
necesidades reales y efectivas de la demanda. Y que por otra reducen el volumen
de la demanda, al detraer recursos de la misma para satisfacción de la oferta
que representan los lobbies o grupos de presión generándose una asignación
ineficiente de la inversión tanto pública como privada, desde un prisma social.
Del mismo modo que el Estado se hizo laico y aconfesional,
separando el poder de la
Iglesia en el del Estado; nos acontece ahora, en el mundo
actual, la imperiosa y rabiosa necesidad de separar poder económico del poder
político y que cada cual alcance su autonomía, lo cual no implica que no se
relacionen, pero la política ha de estar separada de los negocios. Por otra
parte es una demanda ciudadana incuestionable, el abatimiento de las puertas
giratorias, que impida estructuralmente lo narrado.
Para que se imponga la innovación como factor de éxito en
los negocios y modelo de empresa, se tienen que modificar los mecanismos de promoción
y ascenso social, que actualmente están basados en la inteligencia mal
encaminada hacia malas artes como la codicia, la avaricia y la agresividad y se
impongan el buen hacer, el esfuerzo, el ahorro, la innovación y sean
recompensados y se impongan en nuestra escala de valores de modo pleno y no
segmentado como ocurre. A modo de
ejemplo y para ilustrar y para el caso del ahorro: “para que ahorrar, tacaño, disfruta
de la vida y gástatelo, que quieres ser el más rico del cementerio, avaricioso,
acaparador…..”. El capital corporativo
necesita que las clases medias no ahorren y que su consumo sea igual a su renta, de modo que la inversión sea
monopolizada por ellos y para ello, presionan para generar una superestructura ideológica y
jurídico-política e institucional que de respuesta a su pretensiones y así el
impuesto de sucesiones mata y confisca el ahorro privado de particulares para
mayor gloria del ahorro corporativo con el run run de justicia social y demás
cuentos para consumo y redención de la parroquia, sobre todo de la que no
ahorra porque no puede en unos casos y en otros porque no quiere. Y esta
superestructura ideológica se impone y de ahí lo políticamente incorrecto de lo
afirmado en las líneas antecedentes.
Si no tomamos conciencia de lo que nos hace daño a nivel
social y público no podremos desintermediar la actividad política y esta es
necesaria para que continúe otras desintermediaciones como la financiera con las plataformas de
financiación participativa o la energética, para que no se grave a los
productores de energía para su autoconsumo (por paneles solares o
miniaerogeneradores) y no para el mercado; si siguen éstos, los de siempre, es
porque nosotros no cambiamos y nos acomodamos a que nos lo den todo hecho,
hasta el voto y entonces necesitaremos intermediarios , necesitaremos políticos
y tendremos que pagar por ello con nuestra libertad y seguiremos gozando y disfrutando de una
democracia sino secuestrada, si vigilada y moldeada por los de siempre, por
bancos, por eléctricas ……... Y como dijera Schumpeter, lo pequeño es hermoso.
Francisco Anaya Berrocal a quince de agosto del año de dos
mil quince.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio